Cómo terminé enamorada de una ciudad que casi me mata

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Cuando se levantó el paro de transportes en Uyuni, decidimos seguir viaje a Potosí. El coreano que les presenté en el post anterior, ya nos había abandonado, él tenía sus vacaciones bien programadas, sin minutos extras. Nosotros cinco (¿recuerdan que estábamos con una mexicana, y dos suizos?) nos tomamos un bus a Potosí, un ciudad cargada de mucha historia, de historia latente, mistificada, no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar.

La tragedia se repite, girando como una calesita: desde hace cinco siglos, la fabulosa riqueza de Bolivia maldice a los bolivianos, que son los pobres más pobres de América del Sur. Bolivia no existe: no existe para sus hijos. E. Galeno

La investigación previa sobre Potosí y qué hay para hacer, nos tiró un poco abajo las expectativas. Los bloggers de viaje son una gran referencia para mi, y al ver tantas experiencias con anécdotas algo grises, pensé que Potosí no era para mi. Y si a eso le sumamos la historia de saqueo colonial que carga en sus minas, y que en el presente muchos habitantes dependen de las minas, entonces la conclusión era clara, pasaríamos rápidamente por allí, y seguiríamos viaje. Leer sobre Potosí, como su riqueza en plata se convirtió en una maldición, te llena de indignación y tristeza, pero para cerrar la idea de una ciudad tan golpeada por la historia, hay que leer sobre ella, caminarla, observarla, perderse en el paisaje montañoso, sentir el calor del sol, el frio de la altura, masticar coca y charlar con las personas. Yo, me terminé enamorando, al punto que no quería irme, sabía que Sucre nos esperaba, pero yo quería seguir allí. El plan original era hacer solo una noche, y terminaron siendo cinco. Cuando les digo que me terminé enamorando, figúrense que soy terrible masoquista. Potosí tiene 4.200 metros de altura sobre el nivel del mar. El oxígeno escasea en mi torrente sanguíneo, pero no me importa. Literal, camino una cuadra y paro a recuperar el aliento, literal. Pero este pequeño detalle pulmonar, no me impide caminar sus estrechas veredas, tan estrechas, que debo ir esquivando espejos de autos y buses. Con Tau discutimos la idea de, ir o no, a visitar el Cerro Rico. A mi se me hace un hueco en el pecho, el karma tremendo del lugar me llega sin acercarme un metro siquiera. Decidimos no hacer el tour. Pero no importa, lo admiramos desde cualquier punto de la ciudad. Aprovechamos el cine del hostel, y vemos la peli/documental alemán (que se los super recomiendo) llamado “El minero del diablo” (les dejo el link de youtube más abajo). Creo tanto Tau como yo, sentimos esa conexión con el lugar, y no nos costó nada decidir quedarnos un poquito más. Me gusta describir Potosí como la ciudad más auténtica de Bolivia, aunque a veces no me siento calificada para hacer esta afirmación.

Hubo dos etapas en la estadía, la del viaje de egresados y la de la pareja viajera. Llegamos siendo cinco personas.

Entre la terminal terrestre y la plaza principal, hay unas 20 cuadras cuesta arriba. Potosí tiene una altura de 4.200 metros de altura sobre el nivel de el mar. Quieta, me agitaba, no les puedo explicar la tortura de caminar con mis pertenencias cargadas en mis dos mochilas que parecían haber aumentado de peso en todos últimos días.

—Disculpe, el centro para qué lado queda

—Uh!! para allá arribita— nos indica una cholita con una expresión de “está muy lejos”.

Porfiados, decidimos caminar, a la cuadra 3, empecé a preguntar por algún bus que vaya en ese sentido, no podía más, ¿cómo hacen los demás para respirar y caminar al mismo tiempo? Nos indican cómo y dónde encontrar el bus que nos lleva. Nos subimos a uno extremadamente pequeño, 5 personas con mochilas adelante y atrás, metidos en una minavan al estilo “el auto de los payasos”. Una señora se ríe de la situación. La miro y con cara de circunstancia, le contesto la sonrisa —De dónde son?—, todos distribuidos en distintos lugares, le contestamos en ronda: Uruguay, Argentina, México, Suiza, Suiza (ambos hablando en perfecto español).

Dentro del pequeño bus

Esta señora tan simpática, me recordó a mi abuela Susana que se ríe de todo de una manera adorable. Nos preguntó hasta cuándo nos quedábamos, porque estaba el carnaval de “Ch’tillos” dentro de dos sábados. Charlamos durante el trayecto, tenía curiosidad por saber qué era lo que tanto teníamos en las mochilas. Creo que nos debe haber visto tan cargados… que no comprendía. Cuando llegamos a nuestra parada, entre el chofer y la señora, nos dieron las indicaciones para llegar al hostel.


Video del ensayo del Carnaval de Ch’tillos que nos sorprendió en la calle

La misma noche salimos a comer todos, luego no nos pudimos resistir a entrar a un bar que se llamaba “los 7 enaninos”, en el cual estábamos nosotros solos. Cómo les explico que eramos 5, yo la única argentina, y la única que no tomaba Fernet con coca. Preferí hacerle honor a la cerveza local “Huaras”. En la tele pasaban éxitos de pop en español del 90, con Esba nos cantamos TODO, si TODO. Mientras los hombres nos miraban diciendo “cállense, locas”. Esa noche el dueño del local le ofreció matrimonio a Esba, pero ella tenía otros planes. A las 23.00, nos pidieron que nos retiremos que iban a cerrar.

El patio interno del Hostel, una casa colonial

Caminando por Potosí iluminado

La banda

Recién empezaba la noche, y nos caminamos medio Potosí (qué exagerada, si, pero tengan en cuenta la altura) hasta que encontramos un lugar que todavía estaba abierto. El karaoke “ArcoIris”, que paradójicamente estaba en la esquina del hostel. Qué momentos bizarros. Gente que nunca vimos, dedicándonos canciones (solo por ser extranjeros). Otra botella de Fernet se sumaba a la mesa. A eso de la 1 a.m. volvieron a pedir que nos retiráramos. En Potosí, se sale tempranito nomás.

Fachada de la Catedral

Al otro día fuimos a conocer la Casa de la Moneda, que hoy es un museo. El guía nos cuenta que en Bolivia ya no se imprime dinero, que hasta los propios pesos bolivianos se traen de afuera. Tomamos el tour de las 16.00 hrs., nos van a mostrar y contar la historia de la colonización y explotación del Cerro Rico por los españoles. La historia es impactante, desde como sometieron a los indígenas bolivianos a como crearon un sistema de producción monumental de dinero. El edificio es inmenso, parece que nunca lo vamos a terminar de recorrer, también hoy es lujoso, una mezcla entre imágenes fuertes de lo que pasaba allí, con el lujo en el que vivían los colonos. Allí mismo, dentro todavía de la Casa de la Moneda, nos despedimos de los chicos con grandes abrazos y promesas de volvernos a ver. Los veo alejarse y me entristezco, se que los voy a extrañar.

Esperando en el patio de la Casa de la Moneda, que empiece el tour

 El Mascarón de Mulón (artista frances que no terminó la obra ni explicó si significado :S)

Pasillos de la colonia

El grupo estaba lleno de turistas de colonias japonesas que viven en Brasil. Había un señor de pelo gris, que estaba muy concentrado haciendo grullas con papales glasé. Cuando las terminaba, las iba repartiendo entre la gente el grupo, a mí, me regaló una grulla lila. Lástima que se fue entre todas las cositas que atesoraba en mi mochila, en manos de malandras.

Este cuadernito donde iba guardando hallazgos, también se fue :(

Se acabó el viaje de egresados. Con Tau decidimos recorrer la ciudad lo más que podamos. Vamos a conocer la Catedral, pero hay problemas internos y está cerrada. La señora que nos avisa que no vamos a poder entrar, nos pide que hagamos un reclamo, porque hace días que hay conflicto (y se ve que no les dan mucha importancia). Luego nos vamos a caminar por el mercado, una escena que se va a repetir en cada ciudad, muchos animales muertos sobre mesas de azulejos y ese olor a muerte, puaj. Así que evitando la parte “carnicería”, compramos algunas frutas y nos vamos a la Iglesia de la Merced, no a conocer la iglesia, sino a subirnos al techo, y observar Potosí de manera paranorámica. Pagamos la entrada y nos acompaña una señora muy simpática, que nos cuenta cómo todas las construcciones coloniales, fueron levantadas para los españoles, y que los indígenas eran corridos a las faldas de las montañas, no tenían permitido vivir en la ciudad. La vista es impresionante, el viento también —De dónde vienen— y yo me hago un lio mental y le digo —de Chile—, pero ella me preguntaba de dónde éramos, y no a dónde habíamos estado —Me pareció por la tonada— dijo la guía y yo me quedé helada, qué tonada. Caminando por la calle Sucre, nos enamoramos de los tejidos, sus colores, sus diseños, nos quedamos con ganas de comprarnos todo. Las artesanías en Bolivia son preciosas, realmente vale la pena comprar, además son baratas en comparación a otros lados. Baja el sol y nosotros buscamos el abrigo del hostel. Hace frío en la altura.

Anaranjada Potosí

Caminando por el techo de la Iglesia Ntra. Sra. de la Merced.

 Colores, tramas, Bolivia

Decidimos visitar el Ojo del Inca, un crater de volcán inactivo, lleno de agua. Allá vamos. Tenemos que llegar a la terminal vieja, preguntamos en la recepción y nos indican qué bus tomar. Tenemos que ir al frente de la Catedral. Una señora enojada, viejita, nos grita “fuera gringos, qué vienen a robar acá”. La miro extrañada, gringa yo? Viene el bus, no me da tiempo a pensar que ya estamos arriba. Nos bajamos entre miles de puestitos de feria sobre la calle. Son como las 9 am, y hay personas desayunando pollo frito y arroz. Nos subimos a una minivan más pequeña que de costumbre, yo a penas entro en el asiento, Tau va todo doblado y me aplasta contra la ventana. El minibus se llena de olor a comida, la gente sigue desayunando adentro, todo frito, me revuelve el estómago. Cuando agarramos la ruta, no podemos hacer otra cosa que admirar el paisaje. Simplemente hermoso. Bajamos y caminamos el tramo que falta hasta el lugar. No hay nadie, todo el Ojo para nosotros. Sale Freddy a cobrar nuestra entrada, nos avisa que hay cuerdas de punta a punta, por si no sabemos nadar y que no hay baños, porque unos argentinos lo rompieron, estem… Se ven burbujas salir a la superficie, no es agua estancada, pero no sabría decir qué fenómeno de la naturaleza está pasando debajo del agua. El paisaje es abierto hasta chocar con la cordillera que nos vuelve a rodear.

Hacia el Ojo del Inca

elojodelincapanoramica

Al volver decidimos quedarnos por el camino, porque vemos ensayos de carnaval, esta vez, todos los departamentos están haciendo “la promesa”. Le pregunto a una señora de un kiosco si sabe cuántos grupos van a desfilar — uy!, muchitos, van a estar pasando hasta como la nochecita.

Nos quedamos un largo rato mirándolos.

De Potosí amé su gente sonriente y servicial, sus callecitas estrechas, puertas de marcos petisos (Tau no, los puteo bastante), sus vereditas diminutas, sus montañas coloradas que decoraban cada final de calle. Su calor de invierno y su frío de invierno. Las cholitas en la vereda “qué va a llevar, mamita”, los mercados con puestitos uno al lado del otro construidos a presión. Los colores, sobre todo, los colores y las sonrisas. Y también me dolió su sufrimiento.

Acá les dejo la peli/documental, véanla, se lo debemos a los mineros bolivianos:

Loree, empezando un romance con la hermana Bolivia

6 Respuestas

  1. Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Cuando se levantó el paro de transportes en Uyuni, deci

  2. No es hermoso cuando un lugar te cachetea las expectativas? Me obligaste a releer mi relato potosino, a ver si era de esos grises… no me pareció, pero oh detalle! el primer comentario es tuyo diciendo que quizás te salteabas Potosí!
    Yo también amé esa ciudad y si no lo reflejé es porque creo que es imposible despegar nuestras impresiones de la de su historia que marcó hondo a nuestro continente.
    Abrazos!!

    • Es cierto, creo que también me llené de muchos posts que sientieron todo ese karma. Es admirable realmente la sonrisa tan amplia que lleva la gente de Potosí. Las costumbres bien cerca del corazón. Y la siguen luchando. Paso a paso, se irá sanando este continente hermoso que tanto a deshilachado la mano del hombre avaro

      Gracias por tu comentario ;)

  3. Cuántos recuerdos me hizo revivir esto, lamentablemente no estuvimos en Potosí… pero si en La Paz, Uyuni, Cocha y Copacabana… es todo tan cierto… solo que has puesto muchas lindas palabras… jajajaj me gustaría escuchar la versión de Tau. Un abrazo y gracias por compartir!!!

    • Ay pero que colgada que no te contesté este mensajito. Claro que vi cuando lo dejaste, pero se ve que después… nada… cuelgue.
      Gracias x las lindas palabras, y le pasé tu mensaje a Tau, pero me parece que dió ocupado jejeje tu.. tu… tu… tu..

      Abrazo,
      Lore

  4. […] primero les quiero contar sobre Sucre, que difiere mucho de la visita a Potosí (amada Potosí). El chinito me habia anticipado “Sucre es más gubernamental”, y si, en cuanto llegamos […]

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