La ciudad graffiti, Cochabamba otro tersorito de Bolivia

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Para bailar la bamba,
para bailar la bamba
se necesita una poca de gracia,
una poca de gracia y otra cosita.
Ay arriba y arriba.
(Me la pasé cantando esta canción)

Graffitis de la ciudad

Llegamos cuando la ciudad empezaba a despertarse. Como no llevo reloj, ni tengo celular, no podría afirmar qué hora era. Del calor de Santa Cruz de la Sierra volvemos a la altura y vemos que la gente va abrigada. Hacemos lo mismo, nos abrigamos. A pesar de la hora nos dejan hacer el check in, y lo cual agradecimos mucho después de un viaje larguísimo. La primera habitación  que nos dan no tiene ventanas, por lo cual decidimos pedir otra. Ahí fue cuando Tau, el hombre con más equilibrio que conozco, sucumbe en un desnivel del piso (llamado escalón) y se tuerce el tobillo (habrá sido por bailar la bamba?), el mismo que se había torcido dos veces antes en el periodo del último año (y lo había dejado inmovilizado, en reposo por más de un mes) -pánico-.

Llama con cara de “Pánico”

El pacientito

Ya en la habitación con ventanal le pongo paños de agua fría, mientras esperamos que abra algún negocio que nos facilite hielo. Tau está muy enojado teme que esto signifique un mes de reposo. El tobillo se le hincha y las esperanzas empienzan a decaer. Haciendo malabares con el wi fi del hostel, que andaba de a ratos, llamamos al seguro médico y ese mismo día a las 16.00 horas estábamos haciendo una consulta.

– Usted es el pacientito? pase nomás, el doctorcito ahorita viene- dice la enfermera más adorable del universo!!

Las noticias fueron buenas para el pacientito, podía caminar mientras no le doliera, pero había que inmovilizar la articulación del tobillo. Así que compramos una tobillera según nos indicó el médico. Por suerte no había dolor, pero le recomendó que en cuanto volviera a Uruguay se haga ver y tratar su tobillo laxo. Mi novio tiene tobillos laxos, eso es algo nuevo. Je

Plaza Colón

Salimos a recorrer la ciudad a paso lento, claramente Tau ya había superado el tema del pie, iba con la tobillera para todos lados, no le dolia pero yo: cuidado el poso, guarda ahí; pero che, todas estas veredas están rotas, mejor crucemos -pobre Tau-. Buscando atracciones que podamos hacer, con  la presencia de 3 tobillos sanos y uno inmobilizado. Fuimos a conocer el Cristo de la Concordia, hasta el cual subimos por telesférico. La vista de la ciudad es muy bonita desde arriba, predominan los tonos anaranjados de los techos y se puede apreciar la inmensidad de esta ciudad.

La ciudad de fondo

 #SheldonPorElMundo haciendo photoboom

Cuando empieza a caer el sol, abren todos los bares. Nos impresionamos de la cantidad de opciones para tomar algo, uno al lado del otro, estamos en el medio de la movida nocturna de Cochabamba. Elegimos uno para tomar algo y picar unas papas fritas, y al querer ingresar nos piden documentos, a ese flaco que me pidio mi dni le digo: GRACIAS, hacía rato que no me hacían sentir tan jóven.

Un amigo que andaba vendiendo chicles

Cada ciudad tiene sus tiempos. Nosotros acostumbrados a las ciudades donde el día empieza temprano y siempre hay un café abierto para los madrugadores, nos levantamos temprano con la idea de recorrer la ciudad antes del sol intenso del medio día. Mala suerte para nosotros, a las 8 am, no encontrábamos dónde desayunar. Cada ciudad a la que llegábamos, era aprender de nuevo los tiempos, las mañas, las costumbres del lugar. Acá no fue distinto. Desayunamos en el único lugar que estaba empezando a abrir, y que no iba a arruinar nuestro presupuesto, una tasa de te, y pan con dulce y nos fuimos a caminar. Pasamos por la casa de la cultura, vimos una exposición de maquetistas de Cochabamba, con aviones  a escala, tanques de guerra y dinosaurios (sí, no me pregunten), Era un salón pequeño, asi que dimos una vueltita y ya, nos fuimos para la plaza principal, a la que la rodean edificios con arcadas coloniales muy, pero muy bonitos.

Jesús-Cristo, acompaña tu viaje

Entramos en la Catedral y nos sentamos un rato. Me doy cuenta que me gusta mucho el silencio de las iglesias. Y me cuelgo a mirar los detalles ostentosos que las caracteriza: el techo, alto, con relieves de oro, muy bonito. Le hago un comentario a Tau en voz bajita y un señor se da vuelta a mirarnos, pensé que nos iba a retar por hablar. En eso se levanta y se acerca y me hace la pregunta más extraña: De dónde son? Tau responde de Uruguay a lo el señor agrega “Ah pensé que eran alemanes, estoy buscando que me traduzcan un papel”. Solo en Cochabamba pueden pesar que esta mujer latina de pie a cabeza y argentina, es de Alemania. Luego de este incidente no podía seguir seria así que nos fuimos.

Visitamos el Museo Arqueológico lugar que nos pareció muy completo, y que ayuda a conocer un poco más de los antepasados de Bolivia. Cochabamba supo ser una ciudad Inca, por lo que, nos cuenta en el museo, que en cada obra civil que incluya una excavación, aparece algún resto arqueológico.

Paseamos por el mercado, de camino al Cementerio que queda más alejado del centro. No se por qué, pero me daba intriga conocer las costumbres con que tratan a sus muertos. La infraestructura del lugar, es bastante parecida a lo que ya conocemos, hasta que encontramos un funeral, dónde un grupo de personas vestidas de negro, pero con la vestimenta típica de las cholitas, cantan al ritmo de una guitarra homenajeando (o diciendo adiós) a un ser querido.

Dejamos el lado el circuito sugerido en los folletos, igualmente no conocemos a ninguno de las personalidades que indica el recorrido. Damos varias vueltas en silencio, observando la gente que va con flores en la mano, y vestidos de negro. Hay flores frescas en las lápidas, y otras que perdieron su esplendor hace tiempo. Hay flores olvidadas en le piso, que nunca llegaron a adornar ninguna lápida. Sacamos algunas fotos y seguimos camino.

Se está por cumplir un mes desde que entramos a Bolivia y tenemos que extender la visa. Por lo que vamos a migraciones y en menos de 5 minutos, obtenemos 30 días más para recorrer. Aprovechamos que estamos cerca y pasamos por el Palacio Portales, que nos habían recomendado la visita unos amigos del juego de Ingress, con los cuales compartimos unas cervezas en esos días. Lamentablemente había que esperar 4 horas para que abra, así que nos fuimos a pasear por el Bulevar, una peatonal con muchas opciones para comer y tomar algo.

Viciando con los chicos de Ingress

Destruyendo el imperio de los iluminados

De allí caminamos hasta un lugar llamado “El Pueblito”, un encantador barrio, muy pintoresco en el cual aprovechamos para tomarnos un descanso en su plazoleta. Intento comprar un agua mineral, pero solo consigo gaseosas :/

Entrada de “El Publito”

Cruzando el arroyo está el Jardín Botánico, así que, ignorando la amenazante lluvia, nos vamos para el parque. Nos enamoramos de las Santa Ritas. Hay de todos los colores y nos imaginamos plantando una de cada color en casa. Oh casita, los gatitos, oh, que lejos estamos.

Queríamos hacer los trekking en ToroToro, pero la dificultad no lo permitía con un pie mal :(. En la última noche, Cochabamba nos regala una luna llena, inmensa, que sale detrás del Cristo de la Concordia que se ve desde el hostel.

Adios Cochabamba, nos encantaste.

Próxima parada: La Paz, digale no a los escalones

Hasta la próxima, amigos.

 

 

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