Puno, nuestra primera vez en Perú

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Abraza de costadito al Lago Titicaca. Frontera con Copacabana, nos despedimos de mi amada Bolivia (como dolió dejarla) y nos metemos en un pedacito de historia que perdura, la tierra de los Tihunacos, Kollas, Incas y otras culturas (no menos importantes) que hicieron nuestro continente. El paisaje cambia notablemente, la vestimenta cambia, la moneda, los precios y dentro de las diferencias notamos que algo persiste, claro, es el mismo continente.

No sabíamos muy bien qué nos íbamos a encontrar en Puno pero poco importaba, nos vamos volviendo flexibles y fluimos con la corriente. Donde nos sentimos cómodos, donde sentimos curiosidad nos dejamos conquistar y sucumbimos a la irremediable conexión que nos une con el presente. Estamos en Puno.

Puno es una ciudad lacustre, se nutre del Lago Titicaca (que es de agua dulce), de actividad agropecuaria y turísitica tanto por la cultura relacionada a sus celebraciones, carnavales y bailes, como a las ruinas de los antiguos habitantes, y las famosas islas de totoras fabricadas por las comunidades de los Uros y que viven en un porción del lago. Definitivamente hay cosas para hacer, o simplemente enamorarse de sus agitadas calles donde se cruzan cholitas, cholitos, tuctucs y otros vehículos; con el pacífico Lago Titicaca que descansa en el fondo.

El mercado desde arriba

Tiendas ambulantes

Sus festejos te pueden agarrar en cualquier momento

Elegimos visitar Sillustani, un cementerio de la cultura Kolla que habitó entre los años 1200 y 1450 y donde quedó plasmada la organización jerárquica de esta cultura, así también se registran construcciones incáicas, que se caracterizan por la forma de trabajo de la piedra en la construcción.

El día estaba nublado y en varios ocasiones cayeron algunas gotitas amenazadoras, aunque en ningún momento llovió con fuerza. A 33kms de Puno a orillas de la Laguna Umayo se encuentran ergidas las ruinas de lo que fue un cementerio. Está fresco por la falta de sol, hay viento, y se genera una especie de silencio, por los pocos lugares donde pueden rebotar nuestras voces. No estamos en silencio, hablamos, pero hay una sensación de silencio-respeto.

El guía nos va contando lo que vamos viendo, las chullpas (o tumbas) se levantan imponentemente frente a nosotros. Un cono invertido, la parte más fina es el apoyo, tiene una altura que podría calcurar en cuatro metros. ¿Qué habrán sabido los Kolla sobre la muerte, que preparaban con tanta dedicación estos mausoleos? Los cuerpos sin vida eran momificados en posición fetal junto a este todas sus pertenencias, incluyendo comida y bebida.

Algunos datos interesantes, y que se van a repetir en muchos aspectos de las culturas andinas: la puerta del mausoleo apunta al este, al sol. También se encontraban construcciones correspondientes a relojes solares. Las culturas andinas están muy ligadas al calendario solar.

Casi visita obligada y que nos llenaba de intriga (no les voy a mentir) era la Isla de los Uros. Viven sobre el Lago Titicaca en islas hechas de raíces de totoras formando una plataforma estable, y luego arriba la totora que es suave a la pisada. Estas plataformas se sujetan con cuerdas al fondo. En cada isla vive una familia (con varias de sus generaciones) quienes construyen sus propias habitaciones, la cocina y el baño. Viven los clanes, hasta tres generaciones. Cada isla tiene un torre de unos cuatro metros, que se usa para comunicarse con las islas vecinas.

Cuando el barco nos deja en la isla, nos recibe la familia sonriendonos de oreja a oreja, nos saludan en aymara y noto sus pies descalsos y sus cutis marcados por el sol de la altura. Por más que queramos sacar fotos, primero hay que asimilar el suelo que al pisar sede suavemente. El rincón donde las totoras lo son todo, el suelo, las paredes, las sillas, el techo, la comida.

Las totoras nos reciben

Nos explican cómo se construyen las islas

Esta es la maqueta para la explicación

Sheldon espia dentro de las chozas

El hijo del jefe de familia (que se encuentra pescando), nos cuenta cómo se construye la plataforma donde estamos. Hay un pequeño de unos tres años al cual no puedo parar de sacarle fotos. Hay un cachorro haciendo relajo en la cocina, y una nena de doce años (que venia en el barco con nosotros) encantada con nuestros anfitriones al punto que le prestaron la ropa típica para que se vista con ella.

Nos muestran sus artesanías, que poco tienen de artesanales salvo unos tejidos que nos muestran cómo los hacen. Son hermosos. Podría contar este viaje armando una linea con los detalles particulares que se plasman a mano en cada tejido. Los pueblos andinos, hablán a través de sus manos, a través de sus tejidos.

Siento la necesidad de simplemente pararme a un costado y observar la interacción entre el resto del grupo y esta familia. Observar los peinados de las mujeres, las largas trenzas que terminanen pompones. Resultó ser que esos pompones son checkbox de estado civil. Los colores flours de las polleras y los saquitos me recuerdan a una pollera que teníamos con mi hermana de pequeñas. La usábamos para bailar flocklore en la escuela, aunque se asemejaba más a una vestimenta peruana que argentina, mirá de lo que me vengo a dar cuenta ahora. ¿De dónde habrá salido esa pollera?

 Lore, y el misterio de la pollera peruana…

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