Uyuni: tres días intensos e inolvidables

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Sigo con los relatos del viaje!! A TEN TOS

A las 6 am nos levantamos, terminamos de armar las mochilas, desarmamos la carpa, estamos en San Pedro de Atacama todavía, por lo cual hace mucho frío, todo cuesta más, los dedos duelen. El te de coca nos ayuda a recuperar el calor. A las 7 nos levanta la camioneta que nos va a llevar hasta la frontera con Bolivia. Uyuni nos esperaba, cuanta ilusión! ¿Sabían que es el mayor salar continuo del mundo? Sí, 10.580 km2.
En la frontera Hito Cajón, cambiamos de vehículo y de chófer. Hacemos migraciones del lado boliviano y empezamos a cruzar palabras con los que serían nuestros compañeros de viaje y con Lorenzo, el conductor de la 4×4. Nuestra mochilas son apiladas con precisa destreza arriba del techo de la camioneta, enfundadas con un lona y cuando estamos listos, empezamos la aventura.
El grupo estaba formado por: dos suizos Julien y Damian, pero de origen italiano, así que les decíamos los italianos. Esba, una mexicana loca de la cual me terminé haciendo muy amiga, Jack el Coreano buena onda que se la pasó vomitando y pálido por el mal de alturas, en los momentos que revivía, compartimos buenas charlas con él. Y Lorenzo, a quien adoptamos como “papá” del grupo, era nuestro guía y conductor.

Es difícil ser objetivo con un lugar, cuando uno dejar parte de su alma allí, ante una especie de hipnotismo místico, de conexión, como si a uno le crecieran raíces desde los pies, con las cuales acaricia la superficie a medida que se va a haciendo parte de uno, es nuestra primera vez en Bolivia, y vamos a conocerla en la intimidad de los paisajes desolados, en la pureza de los cielos libres de tendidos eléctricos, sin vallas que nos limiten a mirar de cerca. El tercer salar más extenso del mundo, una belleza única, aire puro y fresco que llena nuestro pulmones con dificultad, estamos altos, y de olor a huevo podrido del azufre del lugar. Pura poesia :)

El itinerario nos llegó a través de la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa, donde visitamos las dos primeras lagunas: la Verde y la Blanca. Congeladas, claro era Agosto, hacía frío. No son muy profundas, a penas unos centímetros, pero les sirven a los flamencos como fuente de alimento.

Todavía vemos el Lincancabur, mucho mas cerca, y nos recuerda a San Pedro –nostalgia—.
Paramos en el llamado Desierto de Dalí. Es un arenal rocoso gigante, en tonos ocres, que parece tan solitario que creo que por eso están las rocas, para poner un poco de presencia. Camino despacio, me agito mucho, paro, sigo, depacio.

Próxima parada, Las termas, que loco pero… no saco ni una foto (gracias Tau). Lorenzo nos cuenta que el agua está a unos 37 grados, no lo dudo, esta vez me meto (mientras yo deliberaba, tau ya se había dado 50 chapusones, está claro ajaja)

Me pongo a charlar con Jack, que todavía estaba vivo, aunque ya con dolor de cabeza. Inevitablemente cuando me cuenta que vive en Seul, le empiezo a contar de Titin (Angie) round the world (blogger de viaje) y su fanatismo por el k-pop, se quedó sorprendido.

A casi 4800 m.s.n.m., visitamos los geisers de Sol de Mañana (Laguna Colorada), acá camino más despacio, respiro más fuerte, y no puedo parar de sacar fotos. Las fumarolas expulsan calor a 800 grados. Existe una inversión japonesa para aprovecha esta energía geotérmica y transformarla con el objetivo de abastecer la red eléctrica de Bolivia. Aunque desconozco el estado de este proyecto :/

El almuerzo sería en el hospedaje donde pasaríamos la noche. Ya Jack no podía ni estar parado, asi que se fue a recostar, nosotros almorzamos y nos fuimos a pasear por la Laguna Colorada.

–Este paisaje es marciano– me dice Tau, y si, nunca vimos algo igual.

–Chicos, saben dónde hay un enchufe para cargar el celular?

–No hay

Luego de este día intenso, de mucho sol y frío, de muchos colores, de mucha altura, a penas podía cerrar los ojos. Escuchaba a Jack quejarse mientras dormía, realmente la estaba pasando muy mal.
A las 6 am ya estábamos arriba, desayunar y partir. Una cholita a pasos lentos nos alcanza el termo con agua caliente.
Visitamos el famoso árbol de piedra, caminamos por entre las rocas -Jack seguía desmayado en el asiento delantero-, hacía muchísimo frio, no se cómo sobreviví todavía.

Luego las tres lagunas: Hedionda (adivinen por qué? Si claro con olor a huevo podrido), La Honda y la Cañapa, donde Lorenzo nos prepara el almuerzo, y nosotros seguimos sacando fotos a los flamencos a lo pavote.

Lorenzo en remera, y yo saltando para recuperar el calor…

De ahí nos vamos al mirador del volcán Ollagüe -Activo- y lo vemos humear, nos resulta un poco intimidante, pero la inmensidad del lugar nos da la privacidad para disfrutarlo cada uno desde un lugar. Me gusta este lugar, lleno de rojas rocas. Elijo la mia e intento meditar, pero no puedo, me llama mirar al Ollagüe. Tendrá algún mensaje para mi? Me quedo contemplando con la idea de que me gustaría subir a la cima -LOCA- mejor lo contemplo de lejos. Qué linda metáfora de la pasión que guarda el lejano centro de la tierra, y ni tan en el centro, solo a pocos metros, debajo de nuestros pies.
El humo es blanco, súper blanco, será que está descansando? Me imagino unas “zzZZZzz” saliendo de la boca del volcán, un gigante dormido que se ve calmo y fotografiable.

La camioneta va por los no-caminos de Uyuni. Caminos probablemente, de sedimentos volcánicos, grises/rojizos y de repente –CHAN– estamos en el salar, la inmensidad misma se pierde en el horizonte, las montañas y el cielo se reflejan a la distancia. Es Agosto, no hay agua, pero a lo lejos un espejismo juega con nuestra emoción.

Le pedimos a Lorenzo que pare, queremos inmortalizar ese paisaje, nuestras manos juegan ansiosas con las cámaras de fotos. Pero Lorenzo nos pide paciencia.

Paramos en la vía, que avisa la presencia del hombre en el lugar. Se pierde la inmensidad blanca del salar en el infinito encuentro entre los rieles que se tocan en el horizonte.
A la tercera pastilla para el sorroche, Jack despierta y empieza a sentirse mejor. Tiene los labios super secos, y todavía está pálido, pero por lo menos reacciona. Esa noche dormimos en un hotel hecho de bloques de sal, el piso es sal, es como estar metidos dentro de un salero de sal gruesa, espero que nadie nos sacuda.

Esa noche Jack cena con nosotros! Finalmente, su primer comida, lo aplaudimos.
A las 5 am, todavía no había amanecido, y nosotros nos preparábamos para seguir, esta vez, sin desayunar. Lorenzo maneja en la oscuridad misma, sin rutas marcadas, confiábamos en Lorenzo, eso está claro. Llegamos a la Isla del Pescado antes del amanecer, pagamos nuestra entrada y subimos para recibir el sol. Lorenzo se queda a preparar el desayuno para cuando volvamos. No vemos casi nada, el sol empieza a aclarar el cielo y nos damos cuenta lo que significa la nada misma. Hace mucho frío, frío y viento, no hay nada que nos proteja del viento. La temperatura del salar es de entre -10 grados en las épocas mas frias (Julio) y hasta 21 grados en las épocas de verano (Dic – Ene) y nosotros, fuimos en Agosto, hagan cálculos, si teníamos temperaturas por debajo 0 grados.

Subimos muchos escalones, los chicos se empiezan a alejar, yo empiezo a caminar más lento, subimos hasta la interminable altura más alta, para poder ver el amanecer. No hay una sola nube, el escenario es exclusivo del dios inca.

Aparecen los hexágonos dibujados en el mar blanco de sal, estamos en un isla, en el medio de un desierto, rodeados por sal, a caso me quedé dormida? El paisaje es indescriptible. Poderoso.
En esta Isla se realiza una celebración Aimara todos los 21 y 22 de Julio, con ofrendas a la Pachamama. Sacrifican llamas, riegan su sangre en la tierra, y se comen el resto.

Luego nos alejamos de la Isla, para tomar perspectiva de la inmensidad y sentirnos pequeños rodeados de desierto.

Colchani, es donde la se procesa la sal, sobre por el litio. Uyuni es la reserva de litio más grande del mundo, un hecho que esperaríamos escuchar de un país del primer mundo, pero la realidad es otra…

Lorenzo nos avisa que están cortadas las rutas de entrada a la ciudad -hay paro- nos asustamos. De repente Lorenzo toma un camino alternativo por el medio de la nada (una vez mas) y empieza a rodear el aeropuerto a toda velocidad, perdiéndonos en medio de polvaredas que lo tapan todo. Estamos asustados, hasta que el viento limpia el panorama y allí está, el cementerio de trenes, nos olvidamos de la travesía y nos bajamos boquiabiertos a tomar fotografías -cuántas veces lo vi en fotos a este lugar! Cuántas!! y ahora… acá estoy-.

Seremos unas 10, tal vez 15, personas caminando por el cementerio, pero nos rodea la soledad del abandono. La sensación de estar en un cuadro que quedó suspendido en le tiempo y lo único que te saca del trance es el viento cuando pega frio en los cachetes. Nos subimos a los trenes, nos hamacamos, sacamos muchas fotos y nos fuimos al fantasmal pueblo de Uyuni en un día de paro.

Bienvenidos a Bolivia, Loree

4 Respuestas

  1. Información Bitacoras.com

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  2. […] se levantó el paro de transportes en Uyuni, decidimos seguir viaje a Potosí. El coreano que les presenté en el post anterior, ya nos había abandonado, él tenía sus vacaciones bien programadas, sin minutos extras. Nosotros […]

  3. Impresionante entrada y unas fotos preciosas, me van de maravillas estos post de Bolivia, voy a hacer Salta, Atacama, Bolivia y el altiplano peruano en unos meses y tus recomendaciones me van como anillo al dedo.
    Un abrazo.

    • Gracias Ana!! qué bueno saber de vos!! al final no nos cruzamos nunca en Montevideo. Qué tengas un hermoso viaje lleno de cosas sorprendentes.

      Abrazo grande.
      Lore

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